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sábado, octubre 18, 2008

Psycho me mordió


29/06/08
Sí, como lo leen en el título. Y no sólo lo hizo una vez, sino dos veces. ¡No sé qué pasó...! Tampoco resultó nada del otro mundo, aclaro. La primera vez apenas me rozó y la segunda, alcanzó a rasguñarme. Algunos testigos -como mi Mamá, por ejemplo- declararon que me vieron hacer todo lo posible para lograr enfurecer a este pobre bicho, habitualmente incapaz de hacer nada malo.
Desde que nací que la vida de mi perro Psycho no ha sido fácil. Imagínense con la llegada de mi hermano Tommy... El pobre, encima que quedó relegado y perdió hasta su lugar habitual para dormir, tiene que soportar incluso mi atosigamiento.
No alcancé a ver nada, pero parece que lo peor de todo fue el enojo de mi Papá, cuya furia se dividió en partes iguales hacia mí y hacia Psychote, con la diferencia que el animal recibió una dosis de castigo tal que lo hizo poner triste hasta a mi propio Papi.
Entonces fue que prometí no molestarlo más.

miércoles, marzo 26, 2008

El imperio del caos


30/07/07
Una bonita foto en mi cuarto de la empresa. Una fidedigna postal de esa etapa que pasamos todos y durante la que nos complace destruir cuanto objeto -útil o inútil, propio o ajeno, peligroso o inofensivo- se cruce ante nuestros ojos.
Como mi Papá frente a un cigarrillo, como mi Mamá ante un choripán... simplemente no puedo evitarlo. Es como una fuerza que me sube desde los pies hasta las manos, para convertir mis dedos en garras; instrumentos de la destrucción.
En cuanto a lo que se muestra en la foto, la mayor parte del placer consistió en dar vuelta los sillones y pintarrajearlos con marcador, por supuesto. Pero la postura y la mirada, entre rebelde y desafiante, fue la guinda del postre.
Tranquilamente puede considerarse una instalación, una performance o arte efímero. Dicen que Picasso tardó una vida para llegar a pintar así.

viernes, septiembre 22, 2006

¿Qué gusto tiene la tierra?


¡Eso...! ¿Qué gusto tiene? ¿Eh? Acaso ¿no se acuerdan? ¿Cuándo fue la última vez que comieron tierra...?
Según pude comprobar merced a la maceta del ficus, la tierra ofrece un sabroso blend de suaves hierbas aromáticas, combinado con deliciosos frutos del balcón, pero sin perder esos indispensables componentes minerales que demandan los rigores de la vida diaria, en esta sociedad moderna tan exigente.
La foto la sacó mi Papá, un segundo antes de retarme y tapándose la cara para que yo no me diera cuenta de que se reía.