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miércoles, octubre 29, 2008

Papito anda con nanas


30/07/08
No sé muy bien lo que pasa, dado que me la paso en el Jardín; o jugando, comiendo y -simplemente- mirando la tele en la cocina. Todo eso porque todavía soy un nene al que les resulta muy fácil engañar. Reitero, no sé muy bien lo que pasa, pero pasa algo. Más precisamente a mi Papá. Y me refiero a la salud, claro.
Hace varias semanas que anda con tos, con muuucha tos. Sí, anduvo resfriado como todos. Y como suele sucederle, también anduvo con bronquitis, que se prolongó, prolongó y prolongó. Tanto se alargó la cosa que hasta el día de hoy sigue tosiendo.
A la mañana, cuando se despierta, no se imaginan los trucos que tiene que hacer para no despertar a mi hermano Tommy con sus ataques de tos (como meterse la sábana en la boca, por ejemplo). Bah, él cree que no lo despierta, pero Tomás lo ha escuchado más de una vez.
Pero a la noche llega lo peor, cuando hay momentos en que no puede hablar de corrido para leerme cuentitos, porque la garganta le empieza a picar mucho y se le cierra (Por el calor del aire acondicionado, explica Papi) o cuando se acuesta a dormir y no para de toser (Por la postura del cuerpo, asegura convencido de que le creemos).
Además estas últimas noches se ha sentido muy débil; tanto, que necesita recostarse un rato en el sofá del living antes de cenar. Encima, bajó 8 kilos en 20 días. Como mucho 20 días, ¿eh? Él dice que es el estrés y todo ese verso.
No sé... No me gusta que no se cuide, que se quede sin aire cuando sube las escaleras o que tosa en cuanto empieza a reír. No sé. Algo tiene que hacer.

sábado, octubre 18, 2008

Psycho me mordió


29/06/08
Sí, como lo leen en el título. Y no sólo lo hizo una vez, sino dos veces. ¡No sé qué pasó...! Tampoco resultó nada del otro mundo, aclaro. La primera vez apenas me rozó y la segunda, alcanzó a rasguñarme. Algunos testigos -como mi Mamá, por ejemplo- declararon que me vieron hacer todo lo posible para lograr enfurecer a este pobre bicho, habitualmente incapaz de hacer nada malo.
Desde que nací que la vida de mi perro Psycho no ha sido fácil. Imagínense con la llegada de mi hermano Tommy... El pobre, encima que quedó relegado y perdió hasta su lugar habitual para dormir, tiene que soportar incluso mi atosigamiento.
No alcancé a ver nada, pero parece que lo peor de todo fue el enojo de mi Papá, cuya furia se dividió en partes iguales hacia mí y hacia Psychote, con la diferencia que el animal recibió una dosis de castigo tal que lo hizo poner triste hasta a mi propio Papi.
Entonces fue que prometí no molestarlo más.

Tommy otra vez internado


10/06/08
Todo pasó muy rápido y, la verdad, no me gusta nada. Ayer mi Papá vino a buscarme al Jardín -en lugar de Mamá, como estaba pactado y es habitual- y, ante mi requisitoria, confesó que ella estaba en el Sanatorio de la Trinidad con mi hermano Tommy, porque lo habían internado a causa de una fiebre demasiado alta.
A partir de esas palabras entendí -o quise entender- muy poco. Lo cierto es que Tomás no estaría en casota (¡vaya a saber por cuántos días!) y, en esta ocasión a diferencia de cuando quedó en Neonatología, Mami tampoco, porque le haría compañía día y noche en Pediatría. Allí tomó esta foto, con el celular.
Todo mal, desde todos los ángulos posibles. No sé si tiene una pavada o algo grave, si va a estar internado unas horas o unos días, si Mamá se acuerda de mí o tengo que soportar eternamente a Papi...
No sé. Todo mal, repito. Bien no nos llevábamos, pero tampoco tan mal como para que el destino nos regale este disgusto. Yo sólo quería que Tomasito se deje de absorber toda la atención de Mamá.
Nada más.

viernes, octubre 03, 2008

Esa tarde, esa noche


10/05/08
Luego de la siesta, la merienda. Luego de la merienda, la salida.
La tarde del sábado 10 de mayo me sacaron esta foto y la imagen no miente: yo tenía esa carota.
La mañana soleada trajo una tarde igual de linda. Que daba para salir y eso hicimos. La excusa era ir cambiar ropa -que me quedaba chica o tenía repetida tras mi cumpleaños- al shopping Alto Avellaneda.
De pronto, como si alguien hubiera dado la orden, todo lo que estaba bien se puso mal.
La tarde hermosa se hizo noche fría de un segundo a otro. El shopping, habitualmente tranquilo, era un caos.
Sí, lo primero que hicimos fue cambiar la ropa, como pudimos, a las apuradas e incómodos en ese mar de gente.
Ya no teníamos ganas de nada, pero como insistí fuimos a los juegos. Y lo malo se hizo peor. Ahí Mamá se dio cuenta que, en el entrevero, alguien le robó el celular del bolsillo de la campera. Yo jugaba, pero ella estaba entre furiosa, indignada y preocupada.
Yo jugaba. Pero no tenía demasiadas ganas. Luego de un rato de mayor incomodidad, por suerte comenzamos a irnos. Era tanta la gente agolpada en cada centímetro cuadrado que ni siquiera pudieron comprarme un miserable chupetín. Y como compartía el fastidio generalizado, tampoco insistí.
Íbamos por un pasillo cuando Mami se empezó a sentir mal. Parece que le dolía la cintura o el vientre, abajo; o las dos cosas.
Nos apuramos. En la oscuridad del estacionamiento, una nena medio tonta y una madre totalmente idiota buscaban algo agachadas entre los autos. Casi las atropellamos.
Ya en el auto, saliendo del shopping, Mamá le informó a Papá que creía que tenía contracciones. Él le preguntó si estaba segura. Por las dudas, ella le pidió que las cronometrara.
7 minutos, aseguró Papi exactamente cuando surcábamos el cruce de los 7 puentes, muy cerquita de las instalaciones del club Independiente.
7 minutos después, no se repitieron las contracciones, pero sí a los 13, por lo que no eran regulares. Papá, entonces, aparentemente les restó importancia, como si fueran falsa alarma, instándole a Mami para que no se sugestionara.
Ella no volvió sobre el asunto y seguimos el viaje de regreso.
Yo no dije nada. Miraba por la ventana y escuchaba.
Más tarde, en casota, Mamá se puso a cocinar una cena espectacular; una especie de comida china con pollo, que le insumió un esfuerzo físico enorme, muy superior al que suponía su delicado estado.
Después todo fue como siempre. Las mismas costumbres, los mismos rituales. Papi levantó la mesa, Mami preparó mi baño. Él fumó un cigarrillo en el living, ella me bañó. Papá apagó todo y cerró la casota, Mamá me secó el pelo. Papá se acostó, Mamá me acostó. Papi prendió la tele, Mami me leyó un librito y me durmió.
Me dormí. Y entre sueños, ocurrió: el fin de una época.

martes, septiembre 23, 2008

Otitis galopante


01/05/08
Mis Papis querían festejar el Día del Trabajador durmiendo a pata ancha, como suele decirse, pero... no. Se los resumo:

Resfrío + mocos en el oído = otitis

Y listo. No sé qué me pasa: durante mi último resfrío, que fue en Mar Azul, pudieron sacarme los moquitos porque me sonaba bien-bien la nariz. Ahora es como que ¡me olvidé! En vez de sonarme, soplo. Mi Papá se saca, se pone como loco de la impaciencia porque no puede entender cómo me olvidé de algo tan elemental, y mi Mamá insiste... pero nada.
Dado que me dolía, partimos en una mañana hermosa de feriado raudamente al instituto de otorrinolaringología donde mi Papi y yo somos habitués a esta altura. Obvio que el médico confirmó el diagnóstico informal de mis Viejos. De ahí salimos a la búsqueda de farmacias de guardia donde conseguir un medicamento rarísimo. 1, 2, 3 farmacias y nada. 4, 5 y 6 farmacias y menos que menos. Luego de recorrer buena parte del centro de la ciudad encontramos finalmente el remedio de marras en una de las pocas farmacias abiertas en un feriado que probablemente sea el más estricto de todos.
Bueno, lo cierto es que ahora me siento bien. La marquita colorada que se ve en la foto, a la altura de la sien, me sale cada vez que tengo mocos acumulados en la cabezota.

jueves, julio 17, 2008

Vacaciones en Mar Azul [2008]

19/01-02/02/08
Como hay muchas fotos para compartir con Uds., éste será un solo post, pero que será completado por entregas.

Día 1

Nos despedimos de Psycho -como casi siempre, se quedaba al cuidado de la tía Fernanda- con nostalgia anticipada y salimos de casota a la mañana. El viaje hasta Dolores -sin pañales, señoras y señores- fue largo y tranquilo. Allí paramos a hacer pis y almorzar. Lo mejor resultaron las papas fritas, que me encantan. El resto del recorrido se hizo tedioso, lloré un poco de fastidio al promediar y lo único que me permitió sobrellevarlo fueron las canciones de Shrek que escuchábamos por el estéreo.
Nuestro destino es una playa muy linda que se llama Mar Azul y queda a pocos kilómetros de Mar de las Pampas, que a su vez queda a pocos kilómetros de Villa Gesell. Es una zona muy agreste, de frondosos bosques e inmensas playas. Con calles de arena y pocos comercios. Pero, sobre todo, tranquila y con poca gente.
Llegamos avanzada la tarde y enseguida fuimos de compras al supermercado.
El appart Pinares del Mar, donde nos hospedamos -recomendado por mi prima Ornella-, es muy lindo y cuenta con pileta, spa, gimnasio, restaurante (que no funcionaba) y actividades recreativas todos los días. Nuestra cabaña está muy bien, aunque no le anda el teléfono.

Día 2

Hoy estuvo más movido. A la tarde fuimos a la pileta y hasta logré que Papá se metiera conmigo.
Más tarde lo llamamos por teléfono a mi tío Eduardo -que está en San Bernardo, también de vacaciones- y le deseamos un ¡feliz cumpleaños!
Lo mejor sucedió después, cuando me llevaron a saltar, algo que -debo confesar- no suelo hacer ni por asomo. ¡Estuvo redivertido!

Día 3

Un día nublado, pero que igualmente disfrutamos en la playa. A la tardecita, siempre veo una peli en la compu de mi Mamá. ¡Menos mal que la trajo! Papá medio que se resistía, pero tuvo que admitir que se trató de una buena idea.

Día 4

Un día entre extremos: saltando otra vez en la cama elástica y tirado por culpa de un resfrío fuerte en la camota de la cabaña.

Día 5

Un día de playa algo ventoso y nublado, pero aprovechable. A la mañana, me la pasé dibujando al Príncipe Encantador -de la película Shrek II- sobre la arena. Debo admitir que es cierto: ando un tanto obsesionado con ese personaje. Sé que es malo y tonto, pero tiene una espada. Y quien tenga una espada merece la mayor de mis consideraciones.
A la tarde sucedió algo muy interesante: mis Papis querían tomar mate y no mover la cola de las reposeras. Y yo quería... Bueno, no sé lo que quería, pero lo quería ¡ya! En ese tire y afloje, Papá me dio un llamativo permiso para que yo me volviera a la cabaña, solo, caminando 4 cuadras. ¿Me lo estará diciendo en serio?, pensé. Y me iba, ¿eh? Ya me estaba yendo. Decí que Papi a veces es medio sordo y me hacía volver para que le repitiera las cosas, sino me hubiese ido enseguida.

Día 6

La gran sorpresa constituyó la visita de mis tíos Silvana y Eduardo, junto con mis primos Ornella y Mariano, que estaban en San Bernardo, en el departamento del abuelo Tata. Ah, ¡y hasta trajeron a Homero, su perro! Y al italiano noviecito de la nena, Andrea. Uy, sí, qué alegría, menos mal que lo trajeron. Me muero de alegría. Me muero. Punto.
Mi tío preparó un asado riquísimo y mi tía me llevó a jugar al tobogán. Esta vez Homero se portó mejor conmigo: yo le daba de comer y él me daba su patota. Y no me quiso morder ni una sola vez, ¿eh? Después, todos fuimos a la playa a jugar con el mar y la arena. La verdad es que la pasamos muy bien.

Día 9

Luego de una primera semana más que aceptable, llegaron los días feos... y no paran. Llueve, para, llueve, y no se despeja.
Hoy, medio hartos de estar encerrados y de dar vueltas por una ciudad que no está muy preparada para el mal clima, decidimos pasear por Villa Gesell. No nos fue mejor. No me gustó nada-nada. Mucha gente, demasiado tránsito y jueguitos aburridos.

Día 10

El clima sigue sin ponerle ni un poquito de onda a la segunda semana de vacaciones y medio que nos estamos tornando ligeramente nerviosos. Llueve, está fresco o el viento te da vuelta. No hay más opciones que estas y hasta yo me doy cuenta de que así es imposible acercarse a la playa.
Menos mal que contamos con un buen stock de pelis y de chiches, pero mi Papá ya agotó sus reservas de libros. Habrá que hacer algo antes de que el aburrimiento lo desborde. Mientras tanto, me entretengo con la espada de Peter Pan que me regaló mi Papi. Bueh, en realidad es la del capitán Garfio.

Día 11

Hartos de estar encerrados por culpa del peor clima en vacaciones que les haya tocado vivir a mis Papis, a la tarde decidimos arriesgarnos por los caminos de arena para conocer un poquito Mar de las Pampas. Los accesos estaban inundados o con tremendas huellas intransitables provocadas por la gran cantidad de 4x4 que circulan por la zona.
Finalmente llegamos sin demasiados contratiempos, aunque en más de una ocasión temimos quedar atascados en la arena. Por suerte, mi Mamá y el auto pudieron sortear todos los obstáculos.
A diferencia de Gesell, Mar de las Pampas me gustó mucho, pese a que también estaba repleto de gente por culpa del clima. Pero pudimos comprar libros para Papá, un chupetín y un helado para mí, pasear e incluso ir a jugar. Aunque debo admitir que me porté un poquito mal con algunos nenes. Pero siempre pedí disculpas, ¿eh? Travieso como cualquiera, pero educado como pocos.

Día 12

Entramos en la recta final de unas vacaciones que están dejando sensaciones dispares al compás del clima. Pero, bueno, no siempre se logra todo en la vida...
La parte, digamos, positiva, es que ante el desastre meteorológico tuvimos que entretenernos de maneras más dispares. Así fui sumando experiencias nuevas como conocer lugares, juntar palitos (también conocidos como espadas de emergencia), saltar en la cama elástica o huir de los caracoles que trae la lluvia, unos bichos que no me inspiran la menor confianza, pero que por suerte son lentos en materia de persecuciones.
En ese contexto, mis Papis me llevaron a dar una vuelta en caballito por los bosques de Mar Azul. Bah, en realidad se trató de una vuelta a la manzana; pero, como acá todo es bosque...
Mi caballo se llamaba Sufi -o algo así- y, por suerte, se portó muy bien. Mi Papá se limitaba a vigilar que no me cayera, porque un nene era el encargado de guiar a mi noble corcel. Al principio no estaba muy seguro de las bondades de la iniciativa, pero al final no me quería bajar ni a palos y, obviamente, lloré a moco tendido.

Día 13

Cuando ya nos hacíamos a la idea de que no tenía sentido seguir de vacaciones si el clima no colaboraba, Mar Azul amaneció con un sol radiante y una temperatura ideal.
Todo estuvo tan bien que hasta pudimos hacer un poquito de surf y nos divertimos mucho, aunque me la haya pasado tragando agua.
A la tarde, además de barrenar con las olas o torturar escarabajos capturados en una cajita de Tic-Tac, la pasé jugando con Leo, el chico de las sombrillas, que siempre nos atendió con una sonrisa.

Día 15

Un vista del frente del appart donde nos hospedamos y la cabaña donde nos alojamos, con Leo saludando.
Y así cierto día las vacaciones llegaron a su fin. El final tras 15 días variados, con climas extremos, algunas nanas, visitas familiares y nuevos amiguitos. Vacaciones en un lugar nuevo al que no sé cuándo volveré. Lugares que tal vez olvide pronto o nunca, y estas imágenes que compartí con Uds. sirvan como refrescamemoria de estos tiempos... Aquellos tiempos.

martes, mayo 06, 2008

Pica-Pí


05/10/07
No, no insistan, no voy a cantar La canción del Pica-Pica. La foto habla por sí misma -o sea que así me ahorro como 1.000 palabras-: de esta manera suele quedarme la piel cuando me pica cierta clase de mosquito. Más allá de si me rasco o no, la herida suele infectarse y quedar bastante feíta.
Y, sí: tuve suerte, heredé lo peor de las pieles de mis Papis.

miércoles, febrero 20, 2008

La Abu anda con nanas


17/06/07
Hace ya bastante tiempo que la abu Katty no se sentía bien de la panzota. Los dolores parece que no eran constantes y, además, lograba alejarlos con algún remedio que le hacía un sana-sana-colita-de-rana-si-no-sana-hoy-sanará-mañana relativamente rápido.
Pero hace unos días esos dolores comenzaron a recrudecer y los remedios -ya a escala masiva- prácticamente no le hacían efecto.
Como mucha gente grande, mi Abu procuraba esquivar al médico; tal vez por un cóctel basado en desconfianza, pereza, miedo e ignorancia. Hasta que no pudo más. Finalmente consultó a un médico y le dijeron que tenía algo, digamos, serio. Que debía ser operado.
Por suerte, todo salió bien. En el Hospital Italiano la atendieron de maravillas y la operación resultó todo un éxito que no le dejó secuelas.
De todos modos, no me quedo tranquilo, porque veo que ella no se cuida como debiera; como si creyera que es eterna. A veces me gustaría que se acuerde que es la única Abu que me queda.

domingo, febrero 11, 2007

El tío Albino


De regreso en Buenos Aires, Mamá se enteró que algo muy malo le había pasado al tío Albino, el padre de la tía Carla, aquella amiga que vive en Valencia y de la que ya les he contado en varias oportunidades. Como siempre, poco pude entender de lo que escuchaba por ahí, pero mi Mami estaba muy triste por una noticia que recibió.
Lo cierto es que Carla vino de España por algunos días y tanto mis Papis como los tíos Mariela y Christian procuraron consolarla y demostrarle todo su afecto.
Según escuché, el tío Albino se había portado muy bien con mis Papis, sobre todo como buen consejero en momentos de severas decisiones en el ámbito de la empresa de mis Viejos. Pero, además, fue una de esas figuras entrañables que acompañaron buena parte de la vida de mi Mamá.

lunes, enero 29, 2007

La tía Noemí II


Mediodía en Puerto Madryn. Habíamos ido a la playa y terminábamos de almorzar cuando, de repente, sonó el celular de Mamá. Atendió. Era la tía Marisa, desde Buenos Aires, que llamaba para darle una noticia cuya única respuesta fue un lamento. Y lágrimas contenidas, de ésas que mis Papis no quieren soltar delante de mí.
La que siguió fue una breve charla entre hermanas, sobre cómo habían sucedido ciertos acontecimientos y qué se podía hacer. Ah, y cómo estaba el abuelo Pichi.
Mientras Mami hablaba -quietita-quietita para no perder la señal-, Papá me quería distraer con los Backyardigans que daban en la tele. Pero yo no le daba mucha bolilla: quería saber de qué estaba hablando Mamá.
Luego de cortar, hubo un silencio ancho y largo, que finalmente cortó mi Mami con un Ya está... que terminó en un sollozo. Después hubo palabras de consuelo de mi Papi, llamados a la abuela Katty, otro de Marisa, otro a la tía Mariela por algo llamado corona, otro al tío Marcelito para ver si podíamos cambiar los pasajes de regreso...
Todas cosas así que no me decían nada.
Con el paso de los días, las semanas y los meses, creo haber entendido algo de lo que sucedió. Tiene que ver con la tía Noemí, a quien hace mucho tiempo no veía, porque tenía una nana muy grande, pero muy grande.
La tía Noe tenía una relación amor-odio con mi Mamá, y de respeto-tolerancia con mi Papá. Sin embargo, conmigo había congeniado desde mis primeros días. Tal vez porque no me importaba que la hubieran operado, yo la trataba como a todos y eso parece que le gustaba.
Ahora hace mucho que no la veo y me parece que no la veré más. Nadie me lo dice, pero supongo que estará en el Cielo, construyendo y reconstruyendo donde la dejen, seguramente renegando contra ángeles, arcángeles y toda la Creación, y pintando como sólo ella sabía hacerlo.
La voy a extrañar. Me hubiera gustado haberla conocido mejor.
Ojalá, Dios quiera, que nos volvamos a encontrar.

sábado, junio 17, 2006

Días de nanas



17-19/06/06
Han sido días de molestias, algunos dolores y mucho fastidio.
Como verán en la primera foto, me broté o algo así. Probablemente tenga que ver con mis defensas. Dado que sigo cortando dientes, parece que tengo más tendencia a pescarme cualquier cosa.
En la segunda foto, sugiero que se fijen en mi pobre oreja: otitis supurada, fue el diagnóstico inicial de mi madrina Ivana y que el otorrino confirmó. Dicen que me debe haber dolido mucho, pero la verdad es que, salvo una pequeña molestia, no sentí demasiado.
Por suerte, una cremita, en el primer caso, y una gotas, en el segundo, solucionaron todo. Y he vuelto a la normalidad.

martes, mayo 30, 2006

La tía Noemí I


Así, de pronto, de un día para el otro, descubrí que no todas son buenas noticias; que, a veces, pasan cosas malas que ponen tristes a mis Papis. Y en especial a mi Mamá. Lo peor de todo es que entiendo muy poco -o nada- de lo que sucede, pero puedo darme cuenta muy fácilmente cuando los ánimos están decaídos.
La tía Noemí es la esposa de mi abuelo Pichi. Según mi Papá, ella es una gran artista, talentosa y sensible. Y también a su entender, difícil: una de esas personas complicadas de llevar, con una pila de energía inagotable para bien o para mal. De esa clase de gente que suele empeorarla cuando habla. Pero que siempre está ahí cuando se la necesita, le escuché decir a mi Papi.
Parece que a partir de una consulta al médico por una dolencia menor se le detectó algo malo. Verdaderamente malo. Tan malo que la van a operar de urgencia en el Sanatorio Fleni.
Y su familia, en la que me incluyo, también va a estar ahí, con ella. Porque ella me visitó cuando estuve internado. Porque lo merece.
Pido a Dios por la tía y por mi abuelo, para que todo salga bien. Y cruzo los dedos.
La foto es de la reunión de hoy, cuando ella les comunicó a todos lo que sucede. Obviamente, yo estaba en casa con mi Papá.

domingo, enero 29, 2006

¡Feliz cumplemés! 9


29/01/06
Y un día cumplí 9 meses...
Otro mes de novedades y descubrimientos: festejé el Año Nuevo y el Día de los Reyes Magos, disfruto de mis 4 comidas diarias, ya probé el pollo y otros tipos de carne (¡uummm!), aprendí a darle la papota a Psycho en la boca y logro quedarme sentado durante un buen rato. Ahora debo intentar lograrlo por mi cuenta.
Como en Buenos Aires hace mucho calor, por suerte mis Papis pusieron una piletita en el balcón para que yo me refresque y también juegue con mis chiches. A mi perro eso no le causó mucha gracia, pues sintió que le invadía su territorio.
Algo muy lindo sucedió el día 14: por primera vez, desayunamos todos juntos, como una familia.
Por otra parte, parece que tengo lo que se suele llamar Angustia del 8º mes. Realmente, no sé de qué se trata, pero lo cierto es que, después de varios de meses de dormir muy bien, empecé a despertarme varias veces durante la noche. Dicen que es porque los nenes como yo a esta edad comenzamos a darnos cuenta de que a la noche estamos solos y extrañamos a nuestros Viejos. No sé... qué sé yo. Lo único que digo es que, desde hace unas semanas (a partir del 13/1, más o menos), las noches se hacen interminables, me despierto a cada rato y sólo la presencia de mi Mamá me ayuda a volver a dormirme. Esperemos que esto acabe pronto y todo vuelva a la normalidad, porque no doy más del nonazo.

viernes, noviembre 25, 2005

Perdí el invicto


Pasé las mil y una en el sanatorio, zafé durante el invierno, esquivé adultos resfriados, eludí chicos con todas esas cosas que solemos tener los chicos... Venía bien. Hasta la noche en que perdí mi invicto: mi primera nana.
Me empecé a sentir mal después cenar, pero nadie se dio cuenta, porque pensamos que había comido mucho. El baño posterior tampoco me ayudó y en ese momento la cosa comenzó a complicarse.
Ya acostado, no logré dormirme, por más que Mamá desplegó todas sus habilidades. Entonces llamó a Papá, para que él probara dormirme, aunque sin éxito. Pero algo le llamó la atención: yo estaba quietito, como adormecido pero sin llorar, hecho un ovillo. Como si me doliera la panza. Efectivamente, la panzota bailaba en mi interior.
En busca de nuevas pistas, Papi me alzó y como respuesta lo saludé con un caudaloso vómito que decoró su indumentaria. No, no señor: las cosas no pintaban bien.
Vino Mami a las corridas y me tomó la temperatura. 38,5 , informó el termómetro. Por teléfono, mi pediatra diagnosticó una probable gastroenteritis -en lo que después coincidió mi tía Ivana- y recomendó bajarme la temperatura con remedios y baños. Ah, y mucho líquido. Si la fiebre no bajaba, debíamos partir rápido a la guardia. Si todo salía bien, en 10 días esto sería apenas una vieja historia.
Por suerte, la fiebre bajó y esa noche logré dormir tan poco como mi Mamá, que me hizo el aguante. En los días siguientes, la fiebre amagó subir un par de veces, pero estuvo controlada. Tampoco volví a vomitar, pero mis deposiciones conocieron mejores días. Estaba raro, pálido, demacrado, débil, fastidioso y sin ganas de nada; menos que menos de comer o jugar, como se puede ver en la foto. Eso puso muy triste a mis Papis.
La nota de color la puso mi tía Fernanda, quien nos alquila el departamento. Para ella, lo que yo tenía era un bruto empacho. Vino con una cinta métrica, me midió, bostezó y no sé cuántas cosas más. Yo la miraba sin entender nada. Cada vez que se iba aseguraba que en un par de días yo iba estar bien. Obviamente, no acertó nunca. Así fue estirando los plazos, más o menos hasta que se cumplieron los 10 días predichos por los médicos.

miércoles, noviembre 02, 2005

Un bajón


Eso... Lo del título. Todo mal.
Resulta que fuimos al médico: me midió, me pesó e hizo todas esas cosas que hacen los pediatras cuando uno los visita. Prescribió un par de vacunas... Hasta ahí todo bien.
De pronto, el abismo.
El doctor recomendó que empiece un tratamiento de kinesiología. ¿Para qué?, preguntarán ustedes. ¿Para qué?, pregunté yo, aunque nadie entendió más que un sugestivo Ba-ba-ba-ba...
Parece que necesito lo que ahora se llama estimulación temprana. El objetivo: emparejar la edad cronológica con la biológica; si es que entendí bien, porque estaba medio en shock cuando lo explicó. Y aquí voy otra vez (y sepan disculpar lo reiterativo del argumento): los bebés prematuros como yo tardan un tiempito más en aprender a manejar sus cuerpitos que los -digamos- comunes. Por ejemplo, si un bebé nacido a término aprende a sentarse, más o menos, a los 6 meses, uno prematuro aprenderá a los 8. Y todo así.
Yo, por mi parte, ni siquiera sé darme vuelta. No imagino lo que es sentarme solo y ya tengo 6 meses. Cuando me sientan de prepo, mi cabeza se tambalea por su cuenta como un muñeco fallado.
-No es que sea un tratamiento indispensable -aclaró mi pediatra-, pero a Manu le va a venir bien.
Claro, porque el que va tener que hacer ejercicios no serás vos, pensé, pero preferí callarme, aunque tampoco sé hablar, obvio.
Así fue que concurrimos los tres (Mamá, Papá y yo) al consultorio de Maia, una kinesióloga especializada en prematuros. La verdad, mal no la pasé. Me prestó unos chiches relindos, bastante diferentes a los que tengo en casa. Después de fijarse en mi postura y en mis movimientos, le recomendó a mis Papis una serie de ejercicios para hacer todos los días, pero recalcando que sólo debían practicarse a la manera de juegos; que no debían ser ni una carga ni una mortificación para mí.
-Si Manu no quiere, está cansado o se fastidia, no insistan -advirtió.
Ahí vamos mejor.
El primer ejercicio consiste en tratar de agarrar un juguete que esté a mi derecha con la mano izquierda. Todo esto hecho panza arriba, claro. Por lo que entendí, la idea es que mis músculos abdominales empiecen a servir para algo y que lo logre sin ayuda de mis piernas.
Así comenzó mi terapia de estimulación.
Saquemos la cuenta: nacimiento prematuro, dificultades pulmonares, dificultades digestivas, 30 días de terapia intensiva, 6 días de terapia intermedia, 5 meses de protocolo vacunatorio, 5 meses de reclusión preventiva y ahora vaya uno a saber cuánto tiempo de estimulación.
Y, sí... La vida es dura.

jueves, octubre 27, 2005

El fin del protocolo


Nacer prematuro tiene sus desventajas; entre ellas, una de las más serias tiene que ver con la debilidad del sistema inmunológico y de los pulmones, en particular.
Durante el invierno, la bronquiolitis afecta a muchos nenes. Pero existe una variante sumamente peligrosa que suele producir estragos entre los chicos nacidos antes de término; tan peligrosa que, a veces, deriva en internación y en riesgo para la vida de los bebés como yo.
La única ventaja que tuve fue haber nacido en el momento justo que se instruía un programa de pruebas para hallar una vacuna confiable y cada vez más barata contra esta enfermedad, que ya es epidémica.
Los profesionales que llevaron adelante este protocolo fueron más allá de sus obligaciones e hicieron sentir a mis Papis de la mejor manera, con paciencia y con cariño. Una vez por semana llamaban a casa para estar al tanto de cada pequeño detalle de mi crecimiento o si sufría alguna nana. Y una vez al mes mis Papis me llevaban a dar la vacuna que casi nunca me hizo llorar.
En la foto, están mi Mamá junto a la Dra. De Luca, cabeza de la iniciativa. Pero también participaron la Dra. Gorenstein y una vieja conocida de terapia intensiva, la enfermera María. Ellas 3 -y el Dr. De Caro, mi pediatra- lograron que este invierno haya sido para mí una temporada sin sobresaltos.
Mil gracias y muchos besitos que todavía no sé dar. Los llevo en mi corazón.

lunes, agosto 22, 2005

Antipetú


Hete aquí una prueba irrefutable del sistema implementado por mi Papá para aliviar mi panzota de los insoportables rigores de los petús.
Uno de los métodos se lo enseñó la tía Ivana a mi Mamá y tiene que ver con un masajito en la panzota. Pero en este caso, como creo haber señalado anteriormente, se trata de la flexión de mis piernitas sobre mi vientre, algo que suele causarme -además de alivio- muchísima gracia. ¡No puedo parar de reírme! Y lo peor es que no sé por qué.

viernes, junio 03, 2005

Chau a la Trinidad


Parece que, de un día para otro, todo mejoró: mis pulmones, mi digestión... Mi autonomía, aseguraron. En fin, todo. Así que le dijeron a Mamá y Papá que ya era hora de llevarme a casota. Les dieron una semana de plazo, que mis Papis dedicaron a preparar la casa; algo que no habían podido hacer antes, porque se me ocurrió nacer con dos meses de anticipación. Decoraron la que será mi habitación (fueron unos empapeladores retruchos, la tía Silvia mandó el moisés de la prima Naty, mudaron todas las cosas que eran del estudio de Papi al living y las que sobraban al galpón del trabajo).
Mami estaba refeliz porque al fin me tendría para ella solita. En cambio, Papá estaba un poco asustado, ya que le parecía que todo era demasiado rápido; no estaba seguro de si yo estaba listo para dejar el sanatorio y si él estaba preparado para cuidarme.
La foto la sacó Mamita la última noche que pasé en la Trinidad. La que ven es la puerta de ingreso a Neonatología. ¡Cuántas veces rezó Papá junto a esa puerta...!
A la izquierda, entre las sombras, los lockers donde dejás los bártulos si ponés $ 1. Dice Papá que todo empezó a mejorar cuando cambió la moneda que venía usando por otra que todavía guarda, como un trofeo.
A la derecha de la puerta, ahí pegadito, está el intercomunicador. Los papis tenían que hacerse anunciar y las enfermeras les decían si podían entrar o esperar. A veces tardaban mucho en dejar pasar a los papis, porque había nenes que se sentían mal y todo el personal los estaba atendiendo.
El día 4 de junio amaneció nublado y frío. La tía Mariela y el tío Christian nos vinieron a buscar para llevarnos a casa. La despedida fue breve: recibí besos y abrazos de la Dra. García, del Dr. De Caro y de las enfermeras Laurita, Teresa y María, que fueron los que más me cuidaron, los que hicieron que yo me pusiera bien, cada vez más sano y más fuerte.
Por esa puerta entré 36 días antes y por esa misma puerta salí, en los brazos de Mamita, listo para ir casota a hacer un bruto nonazo y conocer a Psycho, del que tanto me habían hablado.
Mamá empujó esa puerta y el mundo se abrió para mí.

domingo, mayo 29, 2005

¡Feliz cumplemés! 1


Y finalmente cumplí 1 mes...
¿Quién iba a decirlo? Pasaron tantas cosas en este tiempo... Por lo pronto, soy. Nací. Antes de tiempo, pero nací. Tuve problemas pulmonares, de piel, de digestión y todo eso.
Pero estoy saliendo adelante. La vida no parece fácil, pero la voy peleando.
El 28 me mudaron a terapia intermedia, me bañaron ¡y hasta aprendí a tomar la teta de Mamá!
Estábamos tan contentos (se corre la bolilla de que faltan pocos días para irme a casa) que nos sacamos una foto los 3 juntos; esta vez juntos de verdad.
Papá ya me venía cantando el feliz cumplesemana cada viernes, pero el 29 -por fin- me cantó el feliz cumplemés y todo.

domingo, mayo 22, 2005

Madonna I


Esta es la mejor foto de mi primer cumplemés, por lejos. Estoy con Mamá, acurrucadito y haciendo noni-noni como el mejor.
Mamita... ¡cuántos esfuerzos que hiciste en esos 36 días! ¿Acaso pensás que no lo sé? ¡Claro que lo sé!
  • Eras la primera madre en llegar al lactario para que no me falte la papa, y durante todo el día te sacabas leche como te recomendaron los doctores pensando en mí.
  • Te quedabas el mayor tiempo posible para hacerme mimitos.
  • No te despegabas de las enfermeras para que te enseñen las mejores maneras de cuidarme, cambiarme, bañarme o alimentarme.
  • Siempre me tuviste paciencia cuando yo no digería bien la leche o tenía apneas, y no te enojabas conmigo por eso.
  • No te separaste ni un solo día de mi lado, aunque medio mundo reclamaba tu presencia.

Por eso se me ve tan cómodo en tu pecho: porque es grande, es cálido y es incondicional.