sábado, marzo 11, 2006

La tía Fernanda


El 7 ha sido un día de profundos cambios, que tendrá imprevisibles consecuencias.
Después de mucho meditarlo, analizarlo, pensarlo, evaluarlo y digerirlo, mis Papis decidieron que era el momento indicado para que una niñera comenzara a cuidarme.
Como muchos, mis Viejos -en especial, mi Papá- soñaban con una familia establecida día a día en el sentido tradicional; es decir, con mi Papi en el trabajo y mi Mamá en casa, para cuidarme, educarme y mimarme. Eso hicieron durante buena parte de 2005, pero la vida moderna es muy distinta a la que tuvieron mis abuelos, sobre todo los paternos: mis 2 Papis necesitan trabajar. Y la palabra necesitan debe entenderse de varias maneras: hablo de necesidad económica y de necesidad vocacional.
Desde que mi Mami volvió de lleno al trabajo, estuve yendo con ella y la verdad es que la pasé muy bien. En la empresa tengo una habitación para mí solito -convenientemente aislada del resto-, con chiches y una practicuna. Allí juego, duermo y como sin molestar a nadie y sin que nadie me perturbe.
A veces resulta difícil de asimilar, pero el tiempo pasa. Y convengamos que este trato no era el ideal para nadie. Entonces la idea de conseguir una niñera que me cuide pasó a hacerse inevitable.
La verdad, tuvimos suerte. Mucha. Porque hallamos a la niñera perfecta en la tía Fernanda, que vive en el departamento debajo del nuestro y es la que nos alquila este lugar donde vivimos. Y digo que tuvimos suerte porque, si bien no la elegí, soy el que ahora convive con ella. Y la suerte también se manifiesta en el hecho de que viva cerca, de que mis Papis conozcan a su familia y su modo de vida, a su hijo, etc. En síntesis: no es una desconocida que puede tener 2-3 vidas ocultas.
El plan es que yo pase 3 días de la semana laboral con la niñera y 2 en la oficina con mis Papis.
La tía Fernanda se porta rebién conmigo y me da todos los gustos; casi como una abuela. Y no lo digo por la edad, naturalmente, sino por lo atenta que es. Los mediodías almuerzo con ella, con su marido -el tío Héctor- y con su hijo -mi primo Nicolás-, que tiene 12 años y siempre juega conmigo y con Psycho.
Tienen 2 mascotas a las que les despierto mucha curiosidad: el gato Pelusa y la perra Nica, que son rebuenos.
Como ya ando por todos lados medio gateando, en muchas ocasiones juego en el corralito. A veces también viene el primo de Fernanda, el tío Néstor, que es hincha de Huracán como mi Papá, y me enseña las canciones de la cancha. Yo lo acompaño golpeando con las manos sobre el corralito.
Ahora estamos en la etapa de aprender a aplaudir y a soplar las velitas, ¡porque se acerca mi cumpleaños!

No hay comentarios.: