sábado, enero 20, 2007

Vacaciones en Puerto Madryn [2007]

20/01-02/02/07
Como hay muchas fotos para compartir con Uds., éste será un solo post, pero que será completado por entregas.

Antes de la partida

Mis Papis ya estaban hartos de Buenos Aires, del trabajo, del clima y de todo lo demás. Como pocas veces, necesitaban huir a un lugar tranquilo. A diferencia del año pasado, estimaban que yo estaba preparado para un viaje largo; o, tal vez, que ahora sí ellos estaban preparados para un viaje más largo conmigo.
La elección -mezcla de lógica económica y conocimiento del lugar- recayó una vez más en Puerto Madryn, provincia de Chubut. Para ellos significaba su tercera vez: la primera, en su postergada luna de miel; y la segunda, cuando Mamá ya estaba embarazada de mí, de cuatro meses.
Los preparativos se prolongaron durante meses. Que encontrar el lugar adecuado -silencioso, y en lo posible más cerca de la playa y del centro que el anterior-, con el precio justo; que arreglar las vacaciones con la abuela Katty y las tías Mirta y Maijo, del trabajo. Por primera vez, iban a cerrar la empresa por vacaciones. ¿La forma de viaje? En avión. ¿Yo me lo bancaría? Sólo Dios podía saberlo.
El avión saldría a la hora de la siesta, lo ideal para que yo la duerma y no produzca situaciones, digamos, inconvenientes. Que grite, que llore y que patalee en público, todo eso que pone nervioso a mi Papá, bah.
Una vez despedidos de Psycho -que quedó al cuidado, una vez más, de la tía Fernanda, como el departamento- con mucho amor, bastante de culpa y mucha nostalgia anticipada por parte de mis Papis, tomamos el remís que nos llevó al aeroparque Jorge Newbery. Hicimos todo el papeleo, despachamos el equipaje y, para hacer tiempo, tomamos algo en el bar. De allí, mirando el río, es esta foto. ¿Por qué esta imagen y no otra? Porque es la del momento, en el mencionado lugar, cuando Mami se dio cuenta de que Papá y yo estábamos vestidos exactamente igual.
Pero, sobre todo, elegí esa foto porque -risas mediante- es cuando los tres nos dimos cuenta de que la íbamos a pasar bien y que somos felices.

El vuelo

En la recta final hacia el avión, un cambio sutil comenzó a producirse en Papá. Mamá y yo pasamos el detector de metales sin inconvenientes. Pero mi Papi...
Cuando algo le preocupa o teme pasar un papelón, él suele ser extremada, exageradamente ordenado, metódico y ordenado. Habitualmente, el ritual de despojarse de los metales le resulta un trámite ágil y expeditivo. Pero todavía Papá no se acostumbra a las dificultades que plantea mi existencia. Tal vez lloré o me retorcí, fastidioso por el lugar o la incomodidad. Lo cierto es que lo distraje. Le rompí su esquema. Así, pese a creer haberse quitado todo vestigio metálico, cada vez que cruzaba el portal mi Viejo lo hacía sonar. Ah, que alguna moneda suelta. Ah, que el llavero. Ah, que el encendedor. Finalmente, los muchachos del control se hartaron y le pasaron el detector manual... Ah, ¡que los cigarrillos! Parece que el papel metálico del envoltorio interior también hace sonar la alarma. A esta altura, mi Papá no sólo estaba colorado, sino transpirando profusamente como terrorista suicida en una mañana de septiembre de 2001.
Superado este escollo y a medida que avanzábamos por la manga, el aire acondicionado fue secando su sudor. Por suerte, el viaje en el bus hasta el avión no presentó mayores inconvenientes. Al bajar y cara a cara con el avión, sacó una foto con el celular, que es la que hoy comparto con ustedes. Por un segundo, él pensó lo que nunca antes: ¿Habrá sido una buena idea? ¿Y si pasa algo?.
Apenas unos segundos después estábamos en un estrecho pasillo, de un estrecho avión, que a mi Papi le resultó aún más estrecho, cargado como estaba con su mochila, la de mi Mami, una campera y el bolso de la filmadora, eludiendo pasajeros que guardaban sus bártulos.
El vuelo partió en horario, pero a mi Viejo esos minutos de espera se le hicieron eternos. Creo que me porté bastante bien, viajando -como lo estipula la aerolínea- a upa de Mamá. De vez en cuando lloré, tuve algún que otro caprichito, quise bajarme para deambular y sistemáticamente pateé el asiento de una señora que viajaba adelante. En esos casos, Mami recurría a las galletitas como santo remedio o Papá hacía lo propio con un kit de chiches de primeros auxilios para situaciones desesperadas que reservaba en su mochila.
Así pasó el viaje de hora y media, entre nubes. Tres minutos antes de llegar a Trelew, el final del recorrido, caí dormido, como si de una broma a mis Papis se tratara. ¡Pero juro que no fue a propósito!
De esto modo apacible transcurrió el que sería mi primer viaje en avión.

El hospedaje

Como no consiguieron alquilar en donde siempre, mis Papis recurrieron a la web, algo que no recomiendan, pues nada nunca es lo que parece. Encontraron un lugar llamado Complejo Los Troncos, cuya fachada conocían y que parecía interesante. Reunía dos características fundamentales: buen precio y mejor ubicación (a 8 cuadras del centro y a 4 de las playa).
Llegados a Puerto Madryn y entrando al departamento-cabaña, mis Viejos se dieron cuenta de que el sitio no era exactamente lo que estaban buscando. El departamento -según afirmaba mi Papá- era sumamente parecido al que tiene mi abuelo Tata en San Bernardo: dormitorio, baño, cocina-pasillo, living-comedor y patio.
Lo mejor que tenía era que nos consiguieron una practicuna para mí, que había TV por cable y que el agua -un serio problema de siempre en la zona- estaba 10 puntos. Lo peor eran sus paredes finas, que no filtraban ningún sonido.
Pero nos adaptamos muy bien. Nuestra vida, como aquí en Buenos Aires, seguía un plan dispuesto para que todos la pasemos de la mejor manera. Para variar, yo era quien primero se despertaba (entre las 7.30 y las 8), haciendo ruido para que Mamá me preparara la mamadera. Papá se reunía con nosotros hacia las 9 para tomar un rico café con tostadas y mermelada, y ya a las 9.30 partíamos con mi cochecito paragüita rumbo a la playa. Un par de horas después regresábamos para almorzar y mirar un poco de tele. Tipo 14, Mami y yo dormíamos la siesta, mientras Papi aprovechaba para leer algunos de sus libros. A las 16 huíamos de nuevo para la playa durante dos horas, más o menos, y de allí se abrían dos posibilidades: ir de paseo por el centro o volver al depto. En casota, nos duchábamos por turno y luego, mientras Mamá preparaba la cena, Papá jugaba conmigo y con el Hombre Araña, a quien hacía trepar por la puerta. A las 10 ya estaba en la cama, junto con mi Mono, dispuesto a leer algún cuentito antes de hacer nonazo.
En el Complejo me hice de varios amigos: Felipe, un vecino con el que no nos dimos demasiada bolilla (porque él era más grande); el gato que aparece en el video y un labrador hermoso, ambos acostumbrados a pedir comida.
Abajo pueden apreciar el plano del lugar.

Si hacen clic sobre la imagen podrán verla en detalle, ¡muy grande! ¡En serio!


La playa I

Durante los 15 días de vacaciones, sólo dos estuvieron nublados; especialmente, el primero, del que les muestro esta imagen.
Si Puerto Madryn tiene una ventaja sobre la mayoría de los balnearios del país, es que sus playas son enormes -pero enormes de verdad-, por lo que difícilmente se llenen de gente. Una excepción -al menos en la zona más céntrica- ocurre los fines de semana. Y éste fue el caso de nuestro primer día en la arena.
De todos modos, la pasamos mejor que bien. Aunque apenas me mojé hasta la cintura, pues estaba un poco fresco, lo más divertido tuvo que ver con los juegos en la arena. ¿Los favoritos? Tres, aunque uno de ellos era divertido sólo para mí.
  1. Hacer túneles y puentes con Mamá.
  2. Tirar arena por el aire y al que le pega le pega.
  3. Pisar los castillos de arena que hacía mi Papá.
Adivinen por cuál me retaban.

La playa II

Había dos caminos -sendas calles laterales- para llegar a la playa: uno horrible, bien como de la Patagonia en los años '40 (ventoso y polvoriento, pues se trata de un barrio nuevo) y otro coqueto y agradable, por donde decidimos caminar cada día rumbo a la arena. ¿El medio de transporte? Al menos para mí, el paragüita; sabia sugerencia de mi Mamá, que nos facilitó la vida durante estas vacaciones. Yendo y viniendo, cada día, me acostumbré a las paradas de mi Mami en la verdulería-almacén o en la pescadería; a las de mi Papá en el quiosco, para comprar cigarrillos; o a las de ambos en un cajero automático en la costanera. Pero, también, aprendí a reconocer -y verbalizar- diferentes clases de vehículos: desde bicicletas, pick-ups, 4x4, colectivos, motos y, sobre todo, las combis, mis favoritas, a las que llamaba Tandis.
Las mañanas en las amplias playas -si la marea estaba baja- resultaban las mejores: poca gente, sol de frente y mucha arena, toda para mí. Debo admitir que no pude resistir la tentación de probar su sabor, más de una vez, pese a las advertencias y retos de mis Papis.

La playa III

El día que ayudé a mi Papá a escribir nuestros nombres en la arena.


Puerto Pirámides

Mamá había visitado la península Valdés en su adolescencia, como mochilera, con algunas de mis tías. Unos cuantos años después regresó junto a mi Papá, en su inolvidable luna de miel. Y el sueño de ambos nació al mismo tiempo: cuando naciera su primer hijo debía conocer Puerto Pirámides.
Con mi llegada a este mundo y los tres estando en Puerto Madryn, el sueño se convirtió en algo muy accesible. Mami estaba decidida a llevarlo a la práctica. Papi no estaba muy convencido acerca de lo adecuado de la oportunidad; pero, como suele suceder dado que se reconoce bastante poco osado, finalmente dio su aprobación.
Se trató de una larguísima jornada; 500 km en 8 horas, la mayoría a bordo de un minibús y en las que me dediqué, en buena parte, a torturar a los turistas que nos acompañaban (la mayoría extranjeros) con mis llantos y gritos. Como debieron despertarme más temprano de lo habitual para comenzar la jornada, a las pocas horas caí rendido. Pero, lamentablemente, lo novedoso de la situación evitó que pudiera conciliar el necesario sueño. El cóctel fue explosivo: sueño, excitación e incomodidad.
No puedo afirmar que la haya pasado mal del todo, pues me gustó el lugar, pero a las 11 de la mañana ya quería volver a casota. Y mi Papá... ni hablar, quería enterrarse de cabeza en la arena. La única que tenía fe era mi Mamá: confiaba en que los siguientes tramos de la excursión, con animalitos incluidos, serían completamente diferentes.

Punta Cantor/Caleta Valdés

Una hora en la ruta no mejoró mi situación. Al sueño, fastidio y excitación se sumó el hambre del mediodía. La leche que había llevado mi Mamá se había agotado, porque mi Papá estimó -mal- que no sería necesaria en tanta cantidad. Por suerte, alrededor del mediodía paramos en Punta Cantor, donde almorzamos y algo me recompuse.
Como había augurado mi Mami, la visión de los animalitos mejoró mi ánimo. De alguna manera, los elefantes marinos me parecieron graciosos; en especial, sus gritos, que enseguida comencé a imitar, aunque me salían tipo Jo-jo de un Papá Noel algo siniestro.
La visión de la Caleta Valdés y sus cormoranes fue hermosa, pero más bella se me hacía la idea de volver a casota lo antes posible. Lamentablemente todavía faltaba bastante para ello.

Caleta Valdés

Cansado y fastidioso -aunque con el apetito saciado-, llegué con mis Papis a la pingüinera de Caleta Valdés y la vista de los animalitos que allí conocí (y cuyos grititos también aprendí a imitar) justificaron plenamente tantas penurias.
Un párrafo aparte para un simpático turista japonés a quien aparentemente le caí muy bien y que no paraba de hablarme en su indescifrable idioma.

Punta Norte

Así seguimos, de aquí para allá, conociendo lugares, subiendo a la combi, apreciando paisajes, bajando de la combi, viendo animalitos, y subiendo y bajando de la combi, todo el santo día.
En la última etapa del recorrido, disfruté de los lobos marinos y los zorritos. Todo muy lindo.
Después, por fin, el ansiado regreso a Puerto Madryn; otra hora y media sobre la combi. Obviamente, como no podía ser de otra manera, recién logré dormirme un ratito -10 km sobre 500- antes de llegar.

Punta Cuevas

De todos nuestros paseos, el que hicimos a Punta Cuevas -que queda a unas 20 cuadras hacia el sur de Madryn- fue, sin lugar a dudas, el mejor. Primero, porque fue a media mañana y yo estaba con las pilas bien cargadas luego de un buen descanso nocturno y un mejor desayuno; segundo, porque quedaba cerca, un detalle para nada menor luego de las experiencias anteriores en materia de excursiones; y, tercero, porque es un lugar donde pude deambular, juntar caracoles, tirar piedritas y curiosear en agujeros varios.
El lugar fue el sitio en el que los colonos galeses que fundaron la ciudad se guarecieron durante los primeros tiempos tras su llegada. Se trata de cuevas talladas en la piedra caliza de los pequeños barrancos que se encuentran al sur de lo que ahora es la ciudad.
Pero lo más lindo ocurre cuando baja la marea. Y cabe destacar que acá, cuando la marea es baja, baja en serio; tan en serio que el mar deja al descubierto -en su retirada- inmensas cuevas que cualquiera puede visitar a pie y sin mojarse ni un poquito.

El final

Por suerte, el último día de vacaciones amaneció con un sol espectacular, por lo que pudimos ir a la playa, admirar un crucero, jugar en el agua y destruir castillos de arena.
La tarde la dedicamos a armar las valijas, ducharnos y preparar todo para el duro regreso a Buenos Aires. Pero, antes de que nos vengan a buscar para llevarnos al aeropuerto, dimos una vuelta por la costanera, presenciamos la partida del mismo crucero que antes, recorrimos el inmenso muelle y conocí un barco de guerra.
Lamentablemente, no hubo tiempo para más. Formalmente, las vacaciones habían terminado. De todos modos, el regreso no sería tan simple. Una vez llegados a Trelew nos enteramos que nuestro vuelo venía demorado. Así, pasaron una, dos, tres horas... Y nosotros ahí, en medio de la nada del desierto patagónico. Por suerte, me dediqué a jugar con mi Papá y unas piedritas que pateábamos lejos, además de disfrutar de la enorme luna.
Al fin a bordo del avión, al apagar las luces caí profundamente dormido y sólo desperté cuando llegamos, para alivio de mis Papis, a quienes les regalé un vuelo tranquilo.
Ya en Aeroparque, lo que más me impresionó fue el brusco cambio de temperatura y humedad con respecto a Madryn. Entonces quise volver, pero ya era tarde.
Por suerte, cuando llegamos a casota, Psycho nos esperaba con mucha alegría.

miércoles, enero 17, 2007

El tío Bernie II


El tío Bernardo (del que les conté en el post El tío Bernie I) anduvo nuevamente por Buenos Aires y esta vez sí se hizo un tiempito para visitarme. Como andaba por la zona, el punto de encuentro fue la empresa, donde ya conoce a todos. Pero, por suerte, casi no les dio bolilla: se dedicó a jugar conmigo casi todo el tiempo con un juego de encastres relindo que me trajo de regalo.
La pasamos muy bien y asegura que me encontró muy grande y parlanchín. Espero que vuelva pronto. Eso de que vive en Tucumán no me dice nada, porque no tengo idea de qué significa eso: si es un lugar, un adjetivo o una condición.
Lo bueno es que prometió que -por razones que no vienen al caso (guiño de ojos cómplice de Papá)- tratará de venir más seguido. ¡Le tomo la palabra!

domingo, enero 14, 2007

Sesión de dibujo


En mi cuarto, una tarde sumergido en el fascinante mundo de los lápices de colores, crayones y marcadores.
No dibujaré como mis tíos Ricardo y Eduardo, ni pintaré como la tía Silvana o Mamá, pero me la rebusco bastante bien. Incluso mis Papis están sorprendidos por la manera tan natural con la que tomo los marcadores, como si lo hubiese hecho toda la vida.

domingo, enero 07, 2007

Al dente III


Tal vez he hecho demasiado énfasis en lo mucho que me gusta la comida salada (algo que es verdad, pues sin dudas es mi preferida), pero no sería justo si dejara de confesar que ningún almuerzo o cena concluye favorablemente de faltar la fruta.
Ah, sí... Como con todo, tengo gustos variados. En invierno, por ejemplo, mis postres favoritos han sido la mandarina, el pomelo y la manzana. Contrariamente a la tendencia familiar, no me apetece la banana; aunque mi Papá desconfía de eso y asegura que en cualquier momento me tirará la sangre, y no dejaré banana con vida, lo cual provocará -seguramente- severas pugnas con él: un verdadero adicto tal como mis tíos.
En verano, la cosa cambia: uvas, peras y duraznos ocupan los principales puestos en mi paladar, y frutas como el melón o la sandía me resultan francamente indiferentes.

sábado, enero 06, 2007

Reyes Magos [2007]


Esta vez el Día de Reyes contó con una mayor participación de mi parte que el año pasado. Junto a mi Papá, preparamos el agua para los camellos y la maceta del ficus proporcionó los yuyos adecuados para que esos nobles animales sacien su apetito. Además, por supuesto, colaboré en la colocación de los zapatitos con Mamá.
En la mañana, el living lucía completamente distinto a la noche anterior: el agua había desaparecido y también el pasto, del que sólo quedaban algunas hojitas tiradas por ahí.
Pero lo mejor, claro, fue el regalo que me hicieron los Reyes: un juego de tres bolas que caen haciendo música sobre unos platos giratorios.

lunes, enero 01, 2007

¡Feliz Año Nuevo! [2007]

Al año 2006, laaargo y fecundo, lo despedimos en casota, nosotros solos: Mamá, Papá, Psycho y yo.
Partiendo de la base que eso de atravesar la ciudad de madrugada (con su cohorte de conductores ebrios, delincuentes aprovechadores y tiradores de petardos a mansalva) era una mala alternativa, sólo quedaban dos posibilidades cero factibles:
  1. La casa del abuelo Pichi, donde la tía Noemí sigue muy mal de salud.
  2. La casa de la abuela Katty, que se fue a pasar unos días de descanso a la costa.
Una vez tomada la decisión de pasar el 31 solos, en casota, todo fue relindo. Cenamos en el living, acompañados de la buena música de Louie (Armstrong) y Frankie (Sinatra): mis Papis se mimaron con sushi y a mí con la comida que más me gusta, empezando por los tomatitos Cherry.
A las 12 de la noche se desató un pandemónium de cañitas voladoras y petardos, que vimos desde el balcón de atrás. ¡Me encantó! Aunque a Psycho le dio mucho miedito...
Después fuimos al balcón de adelante, donde la familia de chinos del supermercado de enfrente se puso a tirar un montón de fuegos artificiales realmente espectaculares. Ahí debo admitir que me agarró un poco de cuiqui, y junto con Psycho fuimos a protegernos sobre las piernas de Papi.
El día 1° lo pasamos en Ciudad Jardín. Primero almorzamos en la casa del abuelo Tata, donde disfrutamos del riquísimo tiramisú que preparó mi tía Silvana y de la pileta, alivio para una jornada de muchísimo calorsoto.
Después fuimos a la casa de mi madrina Ivana, donde jugué mucho y caí rendido, listo para volver a casota a hacer un bruto nonazo reparador.

domingo, diciembre 31, 2006

Despedida de Fin de Año II [2006]


En el contexto del Fin de Año, la de hoy fue la última reunión social, por suerte. No es que deje de disfrutar las salidas, pero debo confesar que -si me dan a elegir- prefiero quedarme en casota. A mí déjenme con mi sillita para comer, mi menú habitual y mi siestota.
De todos modos, la visita a la casa nueva de los tíos Mariela y Christian siempre es un placer, porque tengo la oportunidad de jugar con los primos Simón y -especialmente- Malena, además de con sus chiches, que son espectaculares.

sábado, diciembre 30, 2006

Al dente II


Como bien amplió mi Mamá en un comment del post Al dente I, tengo un gusto bastante variado en lo que a buena comida me refiero. Desde que la memoria me asiste, disfruto de casi todo lo que me ponen adelante. Tal vez ando un poco harto de la papa y el zapallo, pero sucede que supe darle muy duro durante mis primeros meses en la gastronomía.
Y desde que tengo dientes... ah, sí, desde entonces la cosa se puso realmente buena. En ese sentido, el choclo se convirtió en uno de mis platillos preferidos.

viernes, diciembre 29, 2006

¡Feliz cumplemés! 20


Y un día cumplí 20 meses...
... que es como decir que cumplí 1 año y 8 meses.
Hoy también cumple años mi abuela Katty quien, después de la Navidad, fue a pasar unos días en Aguas Verdes junto a tía Marisa y a mi primo Pedro.
Este ha sido un mes un poco más movido, a causa de las Fiestas, cumpleaños y todas las reuniones de familiares y amigos, que se hacen con esas excusas. Pero, en realidad, para ser sincero, no hubo grandes novedades, salvo que ayudé a mi Mamá a armar los arbolitos de Navidad en casota y en el trabajo. Y jugué, mucho; me la pasé jugando con todos los chiches que tenía y que me regalaron, con el castillo inflable de mis primos Franco y Mateo en su cumple, con el primo Teo -a quien no conocía y me cayó genial- y en cuanta oportunidad tuve.
Claro que, sin dudas, unas de las cosas más interesantes que descubrí fue la luna. Que está ahí arriba, alta en el cielo.

lunes, diciembre 25, 2006

¡Feliz Navidad! [2006]

Este año participé mucho más de la Navidad que el pasado, cuando me la pasé haciendo noni.
Aunque todavía no tengo bien asimilado el concepto de Papá Noel, más o menos tengo claro que es un viejito panzón, con barba y bastante buena onda; que trae regalos a los que se portan bien, como yo. La parte que no entiendo es cuando salimos de compras a los shoppings -con mis Papis- y después me esconden lo que adquirieron.
Esa parte no me cierra.
De todos modos, como en 2005, Papá se ocupó de aclararme que la Nochebuena y la Navidad conmemoran el nacimiento del Niño Jesús y nada más que eso; y que lo demás (los regalos, los excesos, los petardos y los accidentes de tránsito) no debe relegarlo.
Luego de haber disfrutado de la PreNavidad -como reseñé en el post PreNavidad, linda PreNavidad- con el abuelo Pichi y los tíos Liliana y Gustavo, la Nochebuena fue en el departamento de la abuela Katty, en Villa Luro. Allí nos encontramos con tía Marisa y mi primo Pedro. Los que más me gustaron fueron los fuegos artificiales, que desde el balcón se veían un montón; y también me encantó cuando Pedrito jugó con las estrellitas (a una distancia prudencial de mí). La Abu me regaló una especie de tortuga con encastres y la tía una sillita para ver la tele. ¡Todo relindo!
La mañana de Navidad transcurrió en casota, donde seguimos repartiendo regalos. A mí me tocó el lavadero de coches de Little People y algunos de sus personajes principales.
Al mediodía fuimos a la casa del abuelo Tata, en Ciudad Jardín, donde viven mis tíos Silvia y Hugo, y mis primos Florencia y Diego. También estaban los tíos Silvana y Eduardo, junto a una verdadera legión de primos: Natalia -¡que me regaló una pelota!-, Andrés, Ornella, Mariano, Franco, Mateo, Santino y Martina. La pasamos muy bien y encima en un momento llegó Papá Noel con más regalos, justo-justo cuando el tío Hugo salió a atender unos asuntos. ¡Qué lástima que se lo perdió! Y, como si todo esto fuera poco, como hacía mucho calor me metí en la pile con Mamá.
Más tarde caminamos unos metros y fuimos a la casa de mi madrina Ivana y el tío Marcelo, donde nos encontramos con mi padrino Héctor y la tía Alejandra. También estaban los primos Chiara y Alessio, y Agustina -que acaba de cumplir 15 e hizo una fiesta hermosa a la que no fui- y Federico. Una grata sorpresa fue la presencia de los tíos Daniela y Bichi, a quienes hacía mucho tiempo no veía, porque viven en San Juan. Para variar recibí hermosos regalos de mis padrinos y, después de dos días de tanto trajín, caí rendido a las 7 de la tarde.

viernes, diciembre 22, 2006

¡Feliz cumple, primos Mellis! [2006]


Si a las sucesivas despedidas de Fin de Año (con los compañeros del trabajo o con los compañeros de la imprenta), le sumamos los cumpleaños (como el de la tía Alejandra, el 20) o este de los Mellis, mis primos Franco y Mateo, el buen descanso y la alimentación adecuada se complican.
Pero, bueno, el calavera no chilla, suele decirse y la verdad que es una frase con mucho de razón. Porque en el cumpleaños de los mellizos, que fue en la hermosa casa nueva de mis primos Natalia y Andrés, la pasé más que bien. Estuvieron varios de mis tíos y primos -por el lado paterno- y además ¡había un castillo inflable! Pese al calor agobiante que azota la ciudad, me la pasé rebotando de un lado a otro y masticando pies ajenos. Hasta tuve el privilegio de participar en alguna de las sopladas de velitas que organizaron para todos los nenes que no cumplíamos años, pero que no podemos resistirnos a ese ritual.

Despedida de Fin de Año I [2006]


Los encuentros sociales se suceden uno tras otro. En el mediodía de hoy fue el turno de la despedida de Fin de Año para el trabajo de mis Papis. La cita fue en un restaurante muy bueno de Avellaneda -al que habitualmente le pedimos mi papa por delivery cuando me quedo en la empresa- y no faltó nadie: estuvimos Mamá, Papá, yo, la abuela Katty, y los tíos Mirtha, Maijo y Titus. Lo mejor fue que Maijo trajo al primo Teo, por lo que tuve alguien con quien jugar.

miércoles, diciembre 20, 2006

PreNavidad, linda PreNavidad


Cuando a duras penas voy incorporando el concepto de la Navidad -y todas sus implicaciones-, ahora parece que debo comprender el de lo que tranquilamente podría llamarse PreNavidad: es decir, una reunión con los familiares a los que no podremos ver durante las Fiestas.
En esta ocasión, el acontecimiento se celebró en casota; principalmente porque mi abuelo Pichi no está como para andar recibiendo gente en su casa. Como recordarán por el post La tía Noemí I, la esposa de mi abuelo fue operada por algo muy grave y, tantos meses después, no ha mejorado lo suficiente; algo que nos tiene preocupados a todos. Por otro lado, los tíos Liliana y Gustavo han decidido pasar las Fiestas en Córdoba, como parte de sus vacaciones.
Se trató de una velada muy linda, con muchos regalotes para todos al lado del arbolito que armé con Mamá. Pero el más lindo regalo fue el que me hizo mi abuelo Pichi: una locomotora celeste que trae un montón-montón de bloques para encastrar.

martes, diciembre 19, 2006

Compras navideñas


Parece que cuando llegan estas fechas de fin de año, la gente -además de tomar y comer de más, o trasnochar y mutilarse con petardos- sale de compras para obsequiar cosas lindas a sus seres queridos.
En esa tónica, mis Papis me llevaron al shopping Abasto, donde -dado que yo iba en cochecito- me la pasé viendo rodillas, debido a la inmensa cantidad de gente que tuvo la misma intención.
Ante esa realidad, decidimos comprar todo muy rápido, cosa de poder huir lo más pronto posible. En lo único que me quedé con las ganas fue de conocer a Papá Noel, que dicen andaba por ahí saludando a los chicos.
Una aclaración necesaria: perdón por la calidad de la imagen, pero fue tomada con el celular.

sábado, diciembre 16, 2006

Mi primo Pedro viene a jugar


Una de esas sorpresas que me encantan: vino mi primo Pedro a jugar conmigo. Sí, se quedó buena parte del sábado a la mañana y al mediodía para jugar.
Lo que más le gusta es jugar a la pelota y tirar penales con mi Papá, aunque también se hizo tiempo para correr carreras de autitos conmigo.

sábado, diciembre 09, 2006

Noche de sábado


Hoy hicimos algo diferente. Fuimos a Ciudad Jardín, el pago chico de Papá, a visitar a mi madrina Ivana y al tío Marcelo. Eso no fue lo novedoso, sino que después -junto a mis primos Agustina y Federico- partimos rumbo a boulevard San Martín ¡a comer pizza!
En realidad, no sé por qué lo puse con signos de admiración si a mí la pizza no me gusta demasiado. Además, debo admitir que no me porté nada bien. Creo que era porque me sentía acorralado por la gran cantidad de gente y sillas que había en la vereda.
Lo mejor fue la salida en sí, con paseo incluido, que terminó con un helado en el edificio Terrazas, donde jugué con unas nenas al lado de la fuente seca.

jueves, diciembre 07, 2006

Armando el arbolito [2006]



07-08/12/06
Como corresponde a estas fechas, primero en el trabajo y luego en casa, nos dedicamos -mi Mamá y yo- a armar sendos arbolitos de Navidad. El primero, es pequeño y práctico; el segundo, enorme e iluminado.
¡Me encantó! Fui sumamente divertido. Esta es la primera vez que colaboro, ya que el año pasado no pude aportar lo mío pues me la pasé haciendo nonazo. Contrariamente a lo que temía mi Papá, no hice más lío del habitual por tratarse de material delicado o frágil. Me comporté como un señorito francés, alcanzándole a mi Mami las pelotas, los adornos y las guirnaldas sin mayores distracciones ni inconvenientes.

sábado, diciembre 02, 2006

Al dente I


A veces no sé si quedó lo suficientemente claro que me gusta comer.
Cuando mi dieta se limitaba a la teta, le daba duro y parejo. Primero una y después la otra. Como llegó un momento en que no alcanzó, empezaron a suplementarlas con biberón. El tiempo pasó e hizo su aparición la comida propiamente dicha, en su versión de papillas o carnes picadas muy chiquitas. Después fue el turno de las cuatro comidas y entonces comenzó lo verdaderamente bueno; más allá que de vez en cuando sienta nostalgia por el amamantamiento.
En general, me gusta todo y no le hago asco a nada; aunque, como cualquiera, prefiero algunas comidas en lugar de otras. Y uno de mis platos favoritos es el brócoli. Nada rebuscado: me basta con que esté hervido. Puedo comerlo como plato principal -como se aprecia en la foto- o a la manera de picadita.

miércoles, noviembre 29, 2006

¡Feliz cumplemés! 19


Y un día cumplí 19 meses...
... que es como decir que cumplí 1 año y 7 meses.
En este mes no pasaron cosas demasiado relevantes. Han sido 30 días bastante tranquilos. Lo más destacable ha sido el bautizo de mi primo Santino, aunque la participación de mi Papá en mi clase de natación debe ser considerado todo un acontecimiento. Asimismo no debo olvidar la gran performance de esta página en los rankings de blogs.
Mi tiempo se divide entre dormir -fundamental, no menos de 8 horas por la noche y 2 a la siesta-, comer -esencial, de todo, sin hacerle asco a nada- y jugar cada vez más, sobre todo con mis muñecos de Otto y el Hombre Araña. También me gusta ver la tele -a Bob el Constructor y Backyardigans- y, como se advierte en la foto, tomar extensos baños de inmersión.

jueves, noviembre 23, 2006

Casotas



Webeando por Internet, encontré un sitio del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde se publican las fotos de los frentes de casi todas las casotas de la capital.
En la primera imagen se pueden ver dos puertitas medio a la sombra del árbol: la de la derecha pertenece al acceso al departamento que mi abuelo Tata le legó a mi Papá. Perteneció a mi bisabuelo Manuel, durante varios años vivió allí mi tía Pichuca (hermana de mi abuela Lela) y donde ahora habita mi prima Florencia. Queda en Parque Patricios. Allí vivió mi Papi durante casi 11 años, luego que partiera, bastante tardíamente, de su hogar paterno en Ciudad Jardín, provincia de Buenos Aires. Asimismo, a ese departamento, a poco de conocer a mi Papá, se mudó mi Mamá; aunque por menos años. Y ahí también convivió Psycho. Era de dos ambientes, contrafrente, con algo de luz y muy poco aire; frío en invierno y caluroso en verano. Pero dicen que era acogedor; todavía no lo visité. Ni tampoco conozco a la tía Teresa, la vecina de al lado; ni a mi prima Patricia, que vive detrás de la otra puertita, la de la izquierda, que es la de la inmensa casa que perteneciera a mi bisabuelo y donde mi abuelo vivió algunos años antes de casarse.
La otra foto corresponde al frente de mi casota actual, ahora sí, que queda a una cuadra de la otra. En realidad, nos alojamos en el segundo piso de un departamento inmenso que le alquilamos a la tía Fernanda, que también es es mi niñera. Asimismo se puede ver el local de la planta baja, que es el taller del tío Néstor; primo de Fer e hincha de Huracán, como no podía ser de otra manera.
Es un barrio tranquilo, en el que Mamá se siente sumamente a gusto y mi Papi, recién desde que nací, también. Al menos, eso es lo que dice.

sábado, noviembre 18, 2006

Manuchito en los rankings



Poco a poco, este blog ha ido ganando vida propia.
Con la ayuda de mis Papis, también ha crecido y sumado amigos quienes, en su inmensa mayoría, no conozco.
La prueba de ello ha sido la destacada posición -momentánea, tampoco para tanto- de este blog en los rankings de páginas en la web.
Sólo ha sido posible gracias a sus visitas.
La primera foto muestra de qué ranking se trata.
La segunda, cuál fue la mejor posición que alcanzó Manuchito. Bah, en realidad, alcanzó mejores posiciones, pero mi Papá no se avivó a tiempo de recabar las pruebas correspondientes. Llegamos al puesto Nº 41.
No es poco.

viernes, noviembre 17, 2006

Mi amigo Otto


Desde que tengo memoria -lo que no es decir mucho- jamás me he apegado a muñecos. Hay chiches que me gustan mucho, otros poquito y la mayoría, nada. Y con los muñecos, sea cual sea su tamaño, la relación ha sido siempre la misma: nada. Esto es, cero onda de mi parte, lo que intrigaba a mis Papis.
Hasta que conocí a Otto.
Como se ve en la foto, la fría crónica dice que Otto es un pequeñísimo muñequito que vino con un huevo de chocolate Jack, de la serie de Los Simpson, y que mi Papá comenzó a coleccionar por su cuenta especulando con que algún día me llamarían la atención. Hace poco me ofreció todos los que había separado para mí (sólo los repetidos, ya que tiene la obsesión de coleccionarlos para cuando los valore). De todos ellos, entre los que se hallaban los principales personajes de la serie, que ya conocía, me atrajo uno de remera rosa, bermudas, gorrito y cabello negro.
Otto.
¿Por qué? ¡Andá a saber! ¿Por los colores? ¿La postura (haciendo los cuernitos heavy)? No sé, realmente no tengo la menor idea de lo que me subyugó. Lo cierto es que partir de ese momento no pude despegarme de él; salvo, quizá, para dormir (el noni es sagrado) o para comer (Cuando se come no se juega, asegura mi Papi). Lo hago caminar, lo tiro, lo agarro, lo hago dormir y andar en autitos, y el muy bueno se las aguanta todas. Como parece que volvió a salir en otro huevito Jack (que mi Papá no convida), parece que tengo uno de repuesto, por si se pierde.

domingo, noviembre 12, 2006

El bautizo de mi primo Santino

¡Gran reunión familiar! Al menos, claro, por el lado de mi Papá. Esta vez la ocasión fue el bautizo de mi primo segundo Santino, hijo de mi prima Natalia y de mi primo Andrés, y hermano de los mellizos Franco y Mateo.

La ceremonia -en la que resultó madrina mi prima Jimena, hija de los tíos Ricardo y Maby- se realizó en la parroquia del Loreto, en El Palomar, y fue presenciada por una verdadera multitud. Una gran cantidad de familiares y amigos que luego nos trasladamos a Hurlingham, más precisamente a Casa Escondida, donde nos aguardaba una impresionante recepción.

sábado, noviembre 11, 2006

Aprendo a nadar III


El de hoy de nuevo fue un día especial.
¿Por qué?
Porque logramos que Papá se despegara un rato de la computadora y moviera sus huesos hasta Enya, donde voy a aprender a nadar. En realidad, se trató de una invitación que se hizo extensiva a todos los padres de todos los nenes que vamos.
Todavía no lo puedo creer. Jugamos mucho, él me hizo saltar y volar y yo no me despegué ni un segundo porque me era la gran novedad. Al final fue muy divertido y el plus resultó esta foto en la que mis Papis salieron con caras raras por contener la respiración.

domingo, octubre 29, 2006

¡Feliz cumplemés! 18


Y un día cumplí 18 meses...
... que es como decir que cumplí 1 año y 6 meses.
Sí, el clima decididamente mejoró y eso trajo aparejadas más salidas y...
Ahora también viene a aprender a nadar conmigo mi prima Alma (ah, ¡y la abuela Katty como invitada!).
Fui por primera vez a un McDonald's y ¡me compraron una Cajita Feliz! (aunque sólo me dieron el chiche).
Fuimos a los juegos del Alto Avellaneda.
Conocí el Puerto de Frutos con mi tía Marisa ¡y paseé en pony!
Una mala: en el Sanatorio de la Trinidad, antes de una consulta de rutina con mi pediatra, le tiré una piña a un nene en la sala de espera. Fue la primera vez que me pasó, por un chiche que no me prestaba y encima no le acerté de lleno. Mi Papá me retó mucho. Todo mal.
Festejamos el Día de la Madre en casota (le regalé un súper reloj a mi Mamá), primero, y en la casa de la abu, después.
Fuimos de visita a la casa del abuelo Pichi a ver a la tía Noe, que sigue enfermucha.
Festejamos el cumpleaños Nº 5 de mi primo Pedro, allá en su casa. Casualmente ¡cumple el mismo día que la tía Noemí!

En la foto, estoy con mi Mami en el sofá nuevo, soportando un ataque de amor y besotes de nuestro Psycho.

viernes, octubre 27, 2006

Alimentando a las fieras


27/10/06
Según sostiene mi Mamá, mi Papá y yo nos parecemos en más de una cosa; como, por ejemplo, en la manera de caminar o... en la de comer.
Como si el mundo fuera a terminarse mañana si no devoramos hasta el último bocado.
Aquí les muestro un ejemplo de ello. Todavía no era la hora de la cena -faltaba más de media hora-, pero sí de saborear una picadita. Habitualmente como aceitunas o un poco de queso, pero habiendo choclo ni qué dudarlo: le entro al choclito.
Mientras, vemos un poco de TV.

lunes, octubre 23, 2006

¡Feliz cumple, primo Pedro! [2006]


23/10/06
Hoy mi primo Pedro cumplió 5 años... ¡Él es regrande! Los festejó en su casa de Florida con algunos amiguitos del Jardín, nuestras primas Dina y Alma, la abuela Katty y mucha gente más.
Yo le regalé la camiseta de Boca y una pelota, ¡y le encantó! Por mi parte, lo que más me gustó fue la pecera que tiene Pedrito y que más de una vez estuvo a punto de caerse sobre mi cabezota.
En la foto, estoy con mis primos y con mi tía Marisa.

domingo, octubre 15, 2006

¡Feliz día, Mami! [2006]


Sí, porque te lo has ganado a pulso en cada segundo de mi existencia. Desde que me despertás cada mañana con tu dulce ¡Buenos días, su Señoría...! y hasta que me das las buenas noches con unas caricias en la mejilla, siempre estás conmigo de la mejor manera. Porque tu palabra vale oro, confío a ciegas en vos. Pero más que en tus palabras, confío en tus actos, que son lo que vale.
Espero que te haya gustado el reloj que te compré; poca cosa comparado con lo que me das día a día.
A la mañana estuvimos junto a Papá y Psycho, desayunando los 4 bien juntitos. A la tarde, fuimos a lo de la abuela Katty, con los tíos Gustavo, Marisa y Liliana, y mis primos Pedro, Dina y Alma. La pasamos bien, pero no es lo mismo.

domingo, octubre 08, 2006

Cabalgata en el Puerto de Frutos


08/10/06
¡Me encantó! El lugar no tanto -el Puerto de Frutos, en el Tigre-, pero andar en pony fue una experiencia alucinante. Y contrariamente a la tendencia habitual, esta vez me relajé y me dejé llevar. Literal y figuradamente.
Mientras mi Mamá inmortalizaba estas escenas y mi tía Marisa me cuidaba, ¡hasta la gente que bajaba de sus autos me felicitaba por mi brillante desempeño sobre el noble animal! Además, nótese mi postura en la imagen.

sábado, octubre 07, 2006

Tarde en el Alto Avellaneda


No siempre acompañar a mis Papis al trabajo implica necesariamente quedarme en el trabajo. Así, hoy fuimos con Mamá y la abuela Katty a pasear al shopping Alto Avellaneda, que queda a pocas cuadras de la oficina.
Como imaginarán jugué mucho y, dada mi actitud, los dichos Duro como rulo de estatua o Quieto como perro en bote podrían tenerme como protagonista. Sí, tranquilamente. Y no es que tenga miedo o demasiada timidez. Lo mío va más por el lado de estudiar el panorama, digerirlo y recién entonces soltarme para disfrutarlo plenamente.